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Al igual que con las uñas de los humanos, las uñas de los perros están en constante crecimiento. Aquellos perros que caminan, juegan y corren sobre superficies rígidas y ásperas suelen desgastarlas o limarlas de forma natural. Sin embargo, un perro que pasa la mayor parte del día sobre superficies suaves como la hierba, la arena, o los suelos cerámicos y de madera de nuestros domicilios, tendrá uñas más débiles y largas y será más propenso a sufrir lesiones en ellas si no recibe un mantenimiento regular. Las uñas se deben mantener cortas y necesitan ser revisadas por lo menos una vez por semana, en particular, los pulgares del par delantero que son vestigiales y están situados más altos que el resto de los dedos y, por tanto, no experimentan el desgaste de las otras garras y pueden fácilmente crecer durante demasiado tiempo, irritando o incrustándose en el tejido de la pata, o quedar atrapadas en los obstáculos en el entorno del perro.

Es recomendable cortar las uñas una vez cada 4 semanas y por ello debemos familiarizar a nuestro perro desde que es cachorro con este procedimiento. Dentro de la uña del perro existen dos vasos sanguíneos (arterial y venoso) y un nervio. Si cortamos la uña más allá del límite correcto provocaremos una hemorragia y le dolerá. Lo ideal es que las primeras veces lo haga un profesional. Nuestro veterinario nos indicará cual es la forma correcta de hacerlo nosotros en casa siempre con cortaúñas específicos para perros.

Las almohadillas plantares

Las almohadillas plantares del perro ayudan al animal a mantener el equilibrio y reducen de forma importante el impacto y la presión de su peso mientras camina o corre. Estas estructuras anatómicas están cubiertas por una piel resistente preparada para estar en contacto con la superficie del suelo, pero pueden agrietarse y resecarse con facilidad si no tenemos en cuenta ciertas precauciones.

Los suelos asfaltados resultan a menudo agresivos, por ello, conviene alternar las superficies de pisada para el perro durante los paseos urbanos. Combinar la acera con zonas ajardinadas o cubiertas con césped es una buena idea para proteger las almohadillas del animal. También debemos tener en cuenta que no es conveniente someter a un perro poco ejercitado a rutas largas o que transcurran por terrenos pedregosos, y que en invierno la nieve y el hielo también pueden resultar abrasivos. Lo ideal es comenzar los paseos del animal por terrenos blandos y suaves, cubiertos de hierba o húmedos.

Tras las caminatas conviene revisar sus almohadillas y limpiarlas, esto nos permitirá detectar posibles llagas o heridas que haya que curar. Las pieles resecas son más propensas a sufrir lesiones, es recomendable utilizar cremas y bálsamos, específicamente desarrollados para perros, que aumenten la hidratación o ayuden a proteger las almohadillas.