Índice de contenidos
- ¿Qué es la peritonitis infecciosa felina?
- ¿Cómo se transmite el coronavirus felino?
- Tipos de PIF en gatos
- Síntomas de la PIF en gatos
- Diagnóstico de la peritonitis infecciosa felina
- Tratamiento de la PIF en gatos
- Pronóstico de la peritonitis infecciosa felina
- Prevención de la PIF en gatos
- Cuándo acudir al veterinario
¿Qué es la peritonitis infecciosa felina?
La peritonitis infecciosa felina (PIF) es una enfermedad grave y potencialmente mortal que afecta a los gatos. Está causada por una mutación del coronavirus felino (FCoV), un virus relativamente común en la población felina, especialmente en ambientes donde conviven varios gatos.
La mayoría de los gatos infectados por coronavirus felino no desarrollan PIF. Sin embargo, en un pequeño porcentaje de animales, el virus muta y desencadena una respuesta inflamatoria intensa que da lugar a la enfermedad.
¿Cómo se transmite el coronavirus felino?
El coronavirus felino se transmite principalmente por vía fecal-oral, a través del contacto con heces contaminadas, areneros compartidos, objetos, superficies o el entorno. Es frecuente en colonias felinas, protectoras y hogares con varios gatos.
La PIF en sí no se considera una enfermedad contagiosa. Lo que se transmite es el coronavirus felino, no la forma mutada responsable de la PIF.
Tipos de PIF en gatos
Existen dos formas principales de presentación de la peritonitis infecciosa felina:
PIF húmeda o efusiva
Se caracteriza por la acumulación de líquido en cavidades corporales, principalmente en el abdomen y, en algunos casos, en el tórax. Es la forma más rápida y grave de la enfermedad.
Los signos clínicos más habituales incluyen aumento de volumen abdominal, dificultad respiratoria, apatía y pérdida de peso.
PIF seca o no efusiva
En esta forma no se produce acumulación de líquido, sino lesiones inflamatorias en distintos órganos como riñones, hígado, sistema nervioso central u ojos.
La evolución suele ser más lenta, lo que puede dificultar el diagnóstico.
Síntomas de la PIF en gatos
Los síntomas pueden variar según la forma de la enfermedad y los órganos afectados, pero los más frecuentes son:
- Fiebre persistente que no responde al tratamiento
- Pérdida de apetito y peso
- Apatía y decaimiento
- Distensión abdominal
- Dificultad respiratoria
- Alteraciones neurológicas
- Problemas oculares
Diagnóstico de la peritonitis infecciosa felina
El diagnóstico de la PIF es complejo y, en muchos casos, se basa en la combinación de signos clínicos, pruebas analíticas y pruebas de imagen.
No existe una prueba única y definitiva en todos los casos. El veterinario puede apoyarse en análisis de sangre, estudios del líquido abdominal o torácico, pruebas serológicas, ecografías y, en algunos casos, biopsias.
Tratamiento de la PIF en gatos
Durante años, la peritonitis infecciosa felina fue considerada una enfermedad incurable. En la actualidad, existen tratamientos antivirales que han mostrado resultados prometedores en muchos gatos, aunque su uso debe ser siempre supervisado por un veterinario.
El tratamiento puede incluir antivirales específicos, control de la inflamación, soporte nutricional y manejo de las complicaciones asociadas.
No todos los gatos responden de la misma manera al tratamiento, y el pronóstico depende de múltiples factores como la forma de la enfermedad, el estado general del animal y el momento del diagnóstico.
Pronóstico de la peritonitis infecciosa felina
El pronóstico de la PIF varía considerablemente. Sin tratamiento, la enfermedad suele ser mortal. Con los tratamientos actuales, algunos gatos pueden lograr una remisión completa, especialmente si el diagnóstico es precoz.
Es fundamental realizar un seguimiento veterinario estrecho durante todo el proceso.
Prevención de la PIF en gatos
No existe una forma absoluta de prevenir la PIF, pero sí se pueden reducir los riesgos:
- Mantener una correcta higiene de areneros
- Evitar la sobrepoblación felina
- Reducir el estrés en gatos
- Realizar revisiones veterinarias periódicas
Cuándo acudir al veterinario
Ante cualquier signo compatible con PIF, especialmente fiebre persistente, pérdida de peso o decaimiento, es fundamental acudir al veterinario lo antes posible. Un diagnóstico temprano puede marcar la diferencia en la evolución de la enfermedad.

