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Bañar a tu gato no es una actividad que debas realizar a menudo (afortunadamente). Los mininos suelen tener unos hábitos de higiene propios que en la mayoría de situaciones hace innecesario que tengas que recurrir al baño. Pero puede que en alguna circunstancia necesites realizar esta actividad. Cuando tengan una herida que se lo impida, cuando estén verdaderamente sucios, tras una sesión intensa de barro que ni ellos mismos puedan quitarse, cuando requieran de algún tratamiento dermatológico o cuando por alguna otra circunstancia que, como veterinarios te indiquemos.

Los gatos son animales extremadamente limpios. Como herramienta de limpieza disponen de su lengua, de una textura áspera, puesto que está recubierta de numerosas papilas cónicas. Estas papilas, además de utilizarlas para “pelar” a sus presas, las utilizan para su aseo. Les permiten cepillar sus pelos, eliminando suciedad, barro, pelo suelto e incluso parásitos.

En la mayoría de ocasiones será más útil que le ayudemos a eliminar el pelo muerto con un buen cepillado que con un baño.

Pero, como te hemos indicado, puede que en alguna circunstancia necesites bañarlo, para cuando esto suceda, vamos a darte unas pautas que te lo faciliten. En primer lugar, salvo raras excepciones, ya te adelantamos que a tu gato no le va a gustar.

El momento del baño

Para hacerlo más fácil te aconsejamos que tengas planificación, paciencia y, preferiblemente, ayuda.  

Planificación, escoge un día que sepas que el animal está tranquilo, que no hay nada que lo esté alterando. Prepara el lugar donde vas a darle el baño y ten preparados con antelación todos los elementos que vayas a necesitar: toalla, jabón (mejor que sea específico para ellos), cepillo, …

Paciencia. Seguro que tu gato no te lo va a poner fácil. Procura actuar con calma pero con firmeza. Procura evitar ponerlo más nervioso y que le genere más estrés.

Vigila que la temperatura del baño sea la adecuada para que no se enfríe. La temperatura del agua debe estar a unos 30 grados. Comienza por la parte inferior, poco a poco y ve subiendo. Enjuaga, enjabona (procurando que no le entre el jabón en sus ojos ni oídos, y aclara con cuidado.

Luego sécalo con ayuda de una toalla o con el secador, si no es demasiado ruidoso, dejando que se familiarice con él.

Nuestro último consejo es qué si lo haces con ayuda, alguien que te ayude con toda la operación, siempre será más fácil y más rápida, tu gato lo agradecerá.