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Es muy importante estabilizar al animal y recuperar o evitar que aparezcan complicaciones. También hay que controlar la funcionalidad renal e iniciar un tratamiento con antibióticos de amplio espectro.
Una vez que la perra o gata estén estabilizadas habrá que realizar, en casi todos los casos, una ovariohisterectomía (extirpar los ovarios y el útero) para retirar el foco de infección.
Si se opera de forma rápida las posibilidades de éxito son muy altas, sin embargo, si existe alguna de las complicaciones antes mencionadas los animales pueden morir durante la cirugía o días después de ésta.
El tratamiento quirúrgico consigue una curación definitiva si no han aparecido complicaciones graves.
La utilización de tratamiento médico (sin cirugía) es posible sólo en ocasiones muy especiales y ha de ser valorado con mucha cautela por el veterinario y el propietario. |
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Si se sospecha de este problema hay que acudir lo antes posible al veterinario para que trate esta urgencia de forma inmediata. El tiempo entre que empiezan los problemas y la actuación veterinaria es muy importante para la supervivencia de la perra o gata. |
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Los síntomas aparecen a las 3-6 semanas después del celo. Son muy
variables, pero los más frecuentes son:
Decaimiento
Anorexia (pérdida de apetito)
Fiebre (no siempre)
Vómitos
Polidipsia (beben mucho)
Poliuria (orinan mucho)
Deshidratación
A veces se observa una descarga de secreción purulenta por la vagina.
Algunas hembras pueden llegar al estado de shock debido a las complicaciones graves secundarias a la piómetra como septicemia (aparición de bacterias en la sangre), toxinas en sangre, peritonitis o insuficiencia renal.
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Se basa en la historia clínica y los síntomas. Hay que realizar pruebas complementarias para confirmar el diagnóstico y valorar el estado general del animal:
- Análisis de sangre (para valorar el número de glóbulos blancos y la funcionalidad renal).
- Radiografías del abdomen.
- Ecografías del aparato genital.
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